Segundo Domingo de Adviento 12/10/2017 – Año B

Segundo Domingo de Adviento
Domingo 10 de Diciembre del 2017 – Año B
Ministerio Latino Diócesis SW FL. 

La Colecta
Dios de misericordia, que enviaste a tus mensajeros, los profetas, a predicar el arrepentimiento y preparar el camino de nuestra salvación: Danos gracia para atender sus advertencias y abandonar nuestros pecados, a fin de que recibamos gozosamente la venida de Jesucristo nuestro Redentor; que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

1ra Lectura del Libro de Isaías 40:1–11
El Dios de ustedes dice: «Consuelen, consuelen a mi pueblo; hablen con cariño a Jerusalén y díganle que su esclavitud ha terminado, que ya ha pagado por sus faltas, que ya ha recibido de mi mano el doble del castigo por todos sus pecados.» Una voz grita: «Preparen al Señor un camino en el desierto, tracen para nuestro Dios una calzada recta en la región estéril. Rellenen todas las cañadas, allanen los cerros y las colinas, conviertan la región quebrada y montañosa en llanura completamente lisa. Entonces mostrará el Señor su gloria, y todos los hombres juntos la verán. El Señor mismo lo ha dicho.» Una voz dice: «Grita», y yo pregunto: «¿Qué debo gritar?» «Que todo hombre es como hierba, ¡tan firme como una flor del campo! La hierba se seca y la flor se marchita cuando el soplo del Señor pasa sobre ellas. Ciertamente la gente es como hierba. La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece firme para siempre.» Súbete, Sión, a la cumbre de un monte, levanta con fuerza tu voz para anunciar una buena noticia. Levanta sin miedo la voz, Jerusalén, y anuncia a las ciudades de Judá: «¡Aquí está el Dios de ustedes!» Llega ya el Señor con poder, sometiéndolo todo con la fuerza de su brazo.
Trae a su pueblo después de haberlo rescatado. Viene como un pastor que cuida su rebaño; levanta los corderos en sus brazos, los lleva junto al pecho y atiende con cuidado a las recién paridas.
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.

Salmo 85:1–2, 8–13
1 Fuiste propicio a tu tierra, oh Señor; *
restauraste la suerte de Jacob.
2 Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; *
todos sus pecados cubriste.
8 Escucharé lo que dice el Señor Dios; *
porque anuncia paz a su pueblo fiel, a los que se convierten de corazón.
9 Ciertamente cercana está su salvación a cuantos le temen, *
para que habite su gloria en nuestra tierra.
10 La misericordia y la verdad se encontraron; *
la justicia y la paz se besaron.
11 La verdad brotará de la tierra, *
y la justicia mirará desde los cielos.
12 En verdad el Señor dará la lluvia, *
y nuestra tierra dará su fruto.
13 La justicia irá delante de él, *
y la paz será senda para sus pasos.

2da Lectura, Segunda Carta de San Pedro San Pedro 3:8–15a
Queridos hermanos, no olviden que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. No es que el Señor se tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que tiene paciencia con ustedes, pues no quiere que nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios. Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. Entonces los cielos se desharán con un ruido espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, quedará sometida al juicio de Dios. Puesto que todo va a ser destruido de esa manera, ¡con cuánta santidad y devoción deben vivir ustedes! Esperen la llegada del día de Dios, y hagan lo posible por apresurarla. Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán entre las llamas; pero nosotros esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios ha prometido, en los cuales todo será justo y bueno. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estas cosas, hagan todo lo posible para que Dios los encuentre en paz, sin mancha ni culpa. Tengan en cuenta que la paciencia con que nuestro Señor nos trata es para nuestra salvación.
Palabra del Señor.
Demos gracias a Dios.

Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo
según San Marcos 1:1–8
¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Principio de la buena noticia de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios. Está escrito en el libro del profeta Isaías: «Envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.”» Y así se presentó Juan el Bautista en el desierto; decía a todos que debían volverse a Dios y ser bautizados, para que Dios les perdonara sus pecados. Todos los de la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén salían a oírlo. Confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba en el río Jordán. La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello, y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; y comía langostas y miel del monte. En su proclamación decía: «Después de mí viene uno más poderoso que yo, que ni siquiera merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua; pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»
El Evangelio del Señor.
Te alabamos, Cristo Señor.

Elaborado según el Leccionario de la Iglesia Episcopal, Libro de Oración Común y Biblia Dios habla hoy, para la comunidad latina.